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Respecto a la cuestión de Convivencia debemos decir que se trata de Restricciones al Dominio absoluto de un inmueble, esta vez en lugar de ser sobre la disponibilidad material (como en las modificaciones) o en las jurídicas (como en la ejecutabilidad de expensas) se trata de las conductas de vecindad; tendiendo la Ley a establecer un marco de posibilidades dentro del cual no deben escaparse los casos particulares que transgredan o pongan en peligro el interés general en pos de un interés particular; siendo éste el concepto básico que rige las relaciones;

Cuando un vecino actùa esporádica o permanentemente reiterando una conducta molesta, perturbadora o incómoda para cualquier otro, medida en un nivel de tolerancia inaceptable, estamos ante una Infracción a la convivencia comunal; que sin estar reglada en ningún acuerdo previo (a veces está detallada en reglamentos internos) permite tanto al consorcista afectado como al Consorcio (sociedad) en su conjunto, y a través de su administrador, utilizar herramientas de ajuste para la paz comunal;

Esas conductas incongruentes con la idea de compartir espacios y objetos comunitarios, aparecen delineadas con trazo grueso en el artículo 2047 del Código Civil y Comercial de la Nación, yendo desde la unidad destinada a otro fin diferente al reglamentario, pasando por los aromas y olores invasivos e impregnantes, por los ruidos excesivos a cualquier horario, por las vibraciones, por la ocupación de palieres o pasillos con objetos propios, por la sospecha o certeza de actividades inmorales, por el depósito de productos o mercaderías peligrosas, por el franqueo del acceso permanente e incesante a personas desconocidas ajenas a la comunidad, hasta la apropiación de sectores comunes como terrazas, patios, jardines en beneficio de un solo favorecido, o por la conducta de sus mascotas;

Ante la denuncia de alguno de los vecinos sobre el padecimiento de cualquiera de estas infracciones, las respuestas de la Ley tienen dos matices: a) intervención del administrador, en representación de todo el Consorcio y previamente avalado por Asamblea, mediante diálogo, intimación, o acción prejudicial tendientes a instar al infractor a cesar con el disturbio, bajo apercibimiento de acción judicial con el correlato de posibles multas fijadas por el Juez, o desalojo si fueran inquilinos, o desalojo de mascotas, aún siendo propietarios; o b) acción de cualquier copropietario (solo los titulares de unidad) cuando la Asamblea no fuera convocada, o el Administradora se mantenga al margen, pudiendo pasar por los mismos tópicos de intento de solución o acudiendo directamente a la mediación prejudicial obligatoria [art. 5 Ley nº. 26.589] y la advertencia de llegar al Estrado Judicial, lugar en el cual deberá demostrar ante el Magistrado que atienda su caso, un perjuicio serio, directo y actual, sobre su persona, la de su familia o la de quien utiliza su unidad, sean sus inquilinos, comodatarios, tenedores o cualquier otro por quien deba activar;

Claro está que antes de acudir a la vía judicial se puede (y hasta debe) agotar la posible conciliación interna, mediante asambleas que traten y voten el tema, tendiendo a mostrarle al infractor que no solo afecta a alguien en particular sino que podría cualquier otro también sentirse perjudicado por su actividad o conducta, para que proceda a cesar voluntariamente; recordando que a dicha Asamblea con su tratamiento en el Orden del día se llega por pedido que le hacen al Administrador, uno o un grupo de propietarios que sumen al menos el 5% del porcentual consorcial, o subsidiariamente se llega por medio del Consejo de Propietarios (si se tiene) quienes se encuentran facultados para tratarlo como un asunto que requiere su atención directa [art. 2058 inc. b) CCCN] o porque el Administrador, debidamente pedido, no la convocó [art. 2064 inc. a) CCCN];

Debemos entender que existen situaciones límites que resultarán intolerables para unos y para otros no, ya que toda comunidad de convivencia plantea muchas alternativas de modos de crianza, desempeño, sociabilización y costumbres diversas, diferentes y algunas disímiles entre vecinos; motivo por el cual el criterio para intervenir por parte del Administrador será conveniente siempre estando amparado por una decisión Asamblearia antes que tomar partido para una posición u otra de disputa entre vecinos;

Entre conductas molestas suelen ser los ruidos excesivos y casi siempre provocados por habitantes de los pisos superiores a quien lo sufre, sea por movimiento de mobiliarios, por pisadas o golpes estruendosos contra el piso de unos y techos del otro, algunos de los habituales; pueden también provenir de aparatos musicales de cualquier parte del Edificio, dándose en tal caso a la inversa, ya que se amplifican rebotando hacia arriba por los muros medianeros de los pozos de aire y luz internos; o pueden darse provenientes de locales comerciales existentes en la planta baja, siendo tal vez este el caso más extremo, desde el punto de vista de encontrarle una solución definitiva y estable para los afectados, ya  que probablemente se encuentren habilitados para la actividad que desarrollan, por ejemplo, un recinto de expendio de bebidas nocturno, a veces con espectáculos artísticos, cuyos horarios se extienden durante la madrugada; situación en la cual las vías de solución suelen rayar con el abuso de derecho [art. 10 CCCN] ya que los adquirentes ingresan al Sistema de Propiedad Horizontal compartida sabiendo, o debiendo conocer, la existencia de un local al cual el Reglamento no le prohíbe la actividad nocturna; por lo tanto aparecerá la isonorización como único remedio, a fines de evitar vulnerar el derecho constitucional de trabajar y ejercidio de industria lícita [art. 14 CN] tanto como el de gozar de la propiedad [art. 17 CN] con las garantías de tranquilidad, decoro, habitabilidad y funcionalidad previsto-